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De Uruguay a Estados Unidos – Carol

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29 de junio de 2019

Llegamos hace una semana exactamente. Los primeros tres días estuvimos en BrooklynNew York, por su trabajo. Los días siguientes estaremos en Chicago hasta no sabemos cuándo, en la casa de su familia.

New York, New York… como cantaba Frank Sinatra. ¡Qué interesante ciudad! Sus rascacielos son increíbles, su población diversa y colorida. Para mi, como uruguaya criada en un barrio de la periferia, mi querido Villa del Cerro, todo es noticia… Bueno, casi todo porque la diversidad cultural forma parte de la cultura cerrense desde su origen.

No me han quedado dudas de que la pobreza de tercer mundo puede ser muy diferente a la pobreza del tercer mundo, y sí, lo que quiero decir es que no es ni mejor ni peor, sino diferente en varios sentidos pero similar, en muchos otros… la pobreza es algo que incomoda a los ricos y forma parte de la estigmatización que vivimos los pobres.

Algunas cosas que llamaron mi atención, por ejemplo es: la cantidad de basura acumulada ordenadamente en las veredas de las ciudad y el tipo de basura. Y quiero detenerme en este punto, antes de seguir enumerando las cosas que me sorprendieron. Vi más de una decena de libros tirados en la calle, puestos de forma tal para que alguien los recogiera. Todos ellos estaban en buen estado, algunos estaba en diferentes idiomas, pero en su mayoría eran libros de temáticas modernas como la Gastronomía Gourmet, Ciencia Ficción, Moda, etc. No lo voy a negar, ¡me indigné! No lo podía creer. En mi caso, los hubiera donado a algún lugar, los hubiera reciclado de alguna forma o como última opción, los usaría para el fuego de mi próximo asado pero nunca se me ocurriría tirarlos a la calle.

Me quedé con esa imagen en mi mente durante los próximos dos días y tuve la necesidad de conversarlo con alguien más, mi pareja. Hablamos unos cinco minutos sobre lo que había visto y lo que había sentido, ambos reflexionamos juntos y él comentó “ ¿Sabes cuánto cuesta comprar un Kindle aquí? No valen más de 70– 80 USD” En ese mismo momento, mi mente viajó unos días atrás cuando estábamos en el avión y quería leer mi libro “real”, pero ví que todos los demás pasajeros estaban durmiendo, con sus ventanas cerradas y luces apagadas. Así que preferí no hacerlo y aguardar hasta un momento más conveniente. Sin embargo, miré hacia el costado y una persona estaba con su Kindle, leyendo sin necesidad de prender la luz y molestar a otras personas.

Después de esta conversación, mi mente se esclareció y mi indignación se volvió más tolerante. Probablemente muchos desearíamos contar con un Kindle por diferentes razones y adicionalmente, tampoco tenemos el tipo de rutina que muchas personas tienen aquí. No puedo juzgar a neoyorkinos por ver las acciones de unos pocos, tampoco muchos uruguayos solemos ser las personas más responsables con el medioambiente y el reciclaje de nuestros desechos, es más, quienes hayan visitado Uruguay probablemente hayan visto electrodomésticos desechados en las esquinas o en contenedores. En fin… lo importante es estar conscientes los efectos de nuestras acciones, vivamos en Uruguay, en Estados Unidos o en China — en cualquier parte del mundo deberíamos cuidar del medioambiente—

Junio 2019 — Brooklyn, New York — Estados Unidos

Esta fotografía refleja parte de los sentimientos que esta ciudad me provocó al visitarla.

Desde el primer día que llegamos ví ese piano, esa maravilla de uso público en la plaza que no hizo más que transmitirme curiosidad y felicidad de que allí estuviera. Tengo vagos recuerdos de mi niñez junto a piano pequeño… lamentablmente la música no se me dió muy bien.

Otro día pasábamos apurados en la búsqueda de algo para almorzar, y allí estaba ese piano de nuevo diciéndome “acá estoy, puedes venir a probar”. Claramente no me animé, pero ese hombre que se vé en la foto sí lo hizo y lo hizo de la mejor manera del mundo, natrual y sencilla, con errores pero con gozo, él tocó mi canción favorita: Claro de Luna de Claude Debussy. La reconocí desde el primer momento, casi se me sale el corazón. Me detuve unos segundos, lo escuché, tomé la foto y seguí corriendo en la búsqueda de nuestro almuerzo… Creo que los días en la gran ciudad son algo así, locos, rápidos, angustiantes, felices, melnacólicos, agotadores, hermosos, adictivos, motivantes, extremos y tanto como las personas somos, los días son.



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